Este era un bar de esos que aún quedan por ahí. Esos bares que subsisten a duras penas con parroquianos habitúes (generalmente al fiado) y pocos extraños. Alina y Cecilia eran las dueñas, lo habían heredado de sus padres y ellas apechugaron y se hicieron cargo sin tener la más vaga idea de lo que era tener un bar. Esa mañana, como todas, llegó Julio, un bohemio que subsistía malamente paqueteando en una mesita en el centro. Siempre colgado de su hombro su instrumento, el bajo eléctrico, ese que tocaba en forma mediocre y peor cantante. Ya pasaba los cuarenta pero él no perdía la esperanza en grabar un disco y triunfar con la banda de tantos años, que había formado con sus "hermanos de la música" como los llamaba a sus amigos. Le pidió a Alina que por favor le fiara un café hasta el otro día. Le contó que esa tarde tenían una reunión con una productora para grabar un disco y comenzar una serie de actuaciones. Alina le dijo que estaba bien, pero que era el último café que le anotaba. Cecilia, la otra dueña le sirvió el café, muy sonriente. Una vez le preguntó a Julio por que no había formado una flia. Este le dijo que un músico como él no puede tener una flia. Las noches las admiradoras y las groupies conspiran contra la flia. A ella Julio le caia muy bien, a pesar de que él siempre las ignoró como mujer a ella y a su hermana.
Otra de las habitúes del bar era Clara. escritora e intelectual. Su fuente de ingresos era la cátedra de historia de un colegio secundario del barrio. Siempre escribía poemas de amor o narraciones en la que uno de los protagonistas tenía un fin trágico. Esa mañana estaba más sonriente y locuaz que de costumbre. Desayunó como cómo todos los días y dejo entrever que hoy le contestaban si le editaban un libro de cuentos cortos que dejó en una editorial hacía ya tres meses. Pagó su desayuno y se marcho apurada a dar clases. Una de las mejores clientes, por lo que hacía consumir ella con sus "invitados" era María, que se hacía llamar "Jenifer" o "Jeni". Esta era una mujer que "hacía la vida" como decían nuestros abuelos. Ese día estaba radiante. Segun contaba querían que fuera "madama" de un club nocturno muy conocido, dejando de estar en la calle o en su departamento, con los riesgos que ello acarreaba. Pese a que era una mujer madura, seguía siendo muy llamativa y, según decía, tenía algunos clientes fijos que eran muy generosos. Desayunó y se retiró a descansar. El resto del día transcurrió como siempre, pero al caer la tarde llegó Clara, lo que sorprendió a las dueñas era el horario, porque sólo iba por las mañanas a desayunar. Tenía anteojos negros y en su rostro había signos de haber estado llorando. Pidió un café y un cognac y sin que nadie le haya hecho una pregunta comenzó a contar que la editorial había publicado el libro de poemas pero figuraba como autor uno de los dueños de la editorial
Luego se sentó en unas de las mesas del rincón y se sumió en el silencio, sólo interrumpido por algún sollozo. Cuando parecía que todo había culminada allí, llegó "Jeni". Su rostro estaba gris y sombrío, sin lucir sus ropas llamativas y curiosamente sola a esa hora del día. Se acomodó en una de las mesas más alejada de la puerta. Pidió una gaseosa y se quedó con la mirada perdida. Cuando Cecilia le sirvió la gaseosa le confirmó que la habían rechazado como madama, quedando en su lugar un travesti más joven y linda que ella, según lo que opinaban los dueños del club nocturno. Acto seguido comenzó un monólogo de improperios e insultos contra los travestis y especialmente contra los dueños del club. Por último apareció Julio. Se dirigió directamente donde estaba Alina. Le dijo que mañana sin falta le pagaba, había puesto en venta el bajo y ya tenía un interesado. Curiosamente Alina lo escuchó sonriente. Le dijo que no se hiciera problema, que siempre había cumplido y le preguntó porque vendía el bajo.Le dijo que la entrevista existió pero la banda había decidido dejarlo de lado contratando un nuevo bajista y un cantante más joven y carismático. Se sintió traicionado por los suyos y había decidido dejar la música. Alina lo escuchó conmovida y le pidió que tocara por última vez para ellos. Julio se dirigió al rincón y enchufó el instrumento...y tocó, con una tristeza profunda por última vez con su fiel compañero de años la canción Stand by me ( Cuenta conmigo) y la melodía inundó todo el bar...
Cafe de los sueños rotos.
ResponderEliminarEste era un bar de esos que aún quedan por ahí. Esos bares que subsisten a duras penas con parroquianos habitúes (generalmente al fiado) y pocos extraños.
Alina y Cecilia eran las dueñas, lo habían heredado de sus padres y ellas apechugaron y se hicieron cargo sin tener la más vaga idea de lo que era tener un bar.
Esa mañana, como todas, llegó Julio, un bohemio que subsistía malamente paqueteando en una mesita en el centro. Siempre colgado de su hombro su instrumento, el bajo eléctrico, ese que tocaba en forma mediocre y peor cantante. Ya pasaba los cuarenta pero él no perdía la esperanza en grabar un disco y triunfar con la banda de tantos años, que había formado con sus "hermanos de la música" como los llamaba a sus amigos. Le pidió a Alina que por favor le fiara un café hasta el otro día. Le contó que esa tarde tenían una reunión con una productora para grabar un disco y comenzar una serie de actuaciones. Alina le dijo que estaba bien, pero que era el último café que le anotaba.
Cecilia, la otra dueña le sirvió el café, muy sonriente. Una vez le preguntó a Julio por que no había formado una flia. Este le dijo que un músico como él no puede tener una flia. Las noches las admiradoras y las groupies conspiran contra la flia. A ella Julio le caia muy bien, a pesar de que él siempre las ignoró como mujer a ella y a su hermana.
Otra de las habitúes del bar era Clara. escritora e intelectual. Su fuente de ingresos era la cátedra de historia de un colegio secundario del barrio. Siempre escribía poemas de amor o narraciones en la que uno de los protagonistas tenía un fin trágico. Esa mañana estaba más sonriente y locuaz que de costumbre. Desayunó como cómo todos los días y dejo entrever que hoy le contestaban si le editaban un libro de cuentos cortos que dejó en una editorial hacía ya tres meses. Pagó su desayuno y se marcho apurada a dar clases.
ResponderEliminarUna de las mejores clientes, por lo que hacía consumir ella con sus "invitados" era María, que se hacía llamar "Jenifer" o "Jeni". Esta era una mujer que "hacía la vida" como decían nuestros abuelos. Ese día estaba radiante. Segun contaba querían que fuera "madama" de un club nocturno muy conocido, dejando de estar en la calle o en su departamento, con los riesgos que ello acarreaba. Pese a que era una mujer madura, seguía siendo muy llamativa y, según decía, tenía algunos clientes fijos que eran muy generosos. Desayunó y se retiró a descansar.
El resto del día transcurrió como siempre, pero al caer la tarde llegó Clara, lo que sorprendió a las dueñas era el horario, porque sólo iba por las mañanas a desayunar. Tenía anteojos negros y en su rostro había signos de haber estado llorando. Pidió un café y un cognac y sin que nadie le haya hecho una pregunta comenzó a contar que la editorial había publicado el libro de poemas pero figuraba como autor uno de los dueños de la editorial
Luego se sentó en unas de las mesas del rincón y se sumió en el silencio, sólo interrumpido por algún sollozo.
ResponderEliminarCuando parecía que todo había culminada allí, llegó "Jeni". Su rostro estaba gris y sombrío, sin lucir sus ropas llamativas y curiosamente sola a esa hora del día. Se acomodó en una de las mesas más alejada de la puerta. Pidió una gaseosa y se quedó con la mirada perdida. Cuando Cecilia le sirvió la gaseosa le confirmó que la habían rechazado como madama, quedando en su lugar un travesti más joven y linda que ella, según lo que opinaban los dueños del club nocturno. Acto seguido comenzó un monólogo de improperios e insultos contra los travestis y especialmente contra los dueños del club.
Por último apareció Julio. Se dirigió directamente donde estaba Alina. Le dijo que mañana sin falta le pagaba, había puesto en venta el bajo y ya tenía un interesado. Curiosamente Alina lo escuchó sonriente. Le dijo que no se hiciera problema, que siempre había cumplido y le preguntó porque vendía el bajo.Le dijo que la entrevista existió pero la banda había decidido dejarlo de lado contratando un nuevo bajista y un cantante más joven y carismático. Se sintió traicionado por los suyos y había decidido dejar la música.
Alina lo escuchó conmovida y le pidió que tocara por última vez para ellos.
Julio se dirigió al rincón y enchufó el instrumento...y tocó, con una tristeza profunda por última vez con su fiel compañero de años la canción Stand by me ( Cuenta conmigo) y la melodía inundó todo el bar...
Marcelo Velázquez
¡¡qué grande Marce!!
ResponderEliminarFelicitaciones, ha nacido un escritor !!
me encanta el cuento,
y, además, es muy teatral.
beso enorme!